#5. Bobes
Un track. Un texto. Una recomendación.
EL TRACK
Como el TEXTO esta vuelta es entre otras cosas sobre abuelas, fue casi sináptico pensar en On Coming From a Broken Home (Part 1) de Gil Scott-Heron. Este caballero fue el creador de eso de que la revolución no será televisada, un poeta negro que escribe y recita como una bestia salvaje. El track recomendado es un homenaje a su abuela, que su puso al hombro su crianza. Emociona mucho escucharlo. Quizás convenga darle play y leer la letra más que ponerlo de fondo para leer el TEXTO. O incluso dejar corriendo todo el álbum al que pertenece, I’m New Here y no leer nada. Hagan como gusten en el orden que les parezca. Va a estar bien igual.
On Coming From a Broken Home (Part 1) - Spotify
On Coming From a Broken Home (Part 1) - Youtube
EL TEXTO
El desafío no era enorme. El bocado de lemon pie tenía que ir en la cuchara del plato a la boca sin caerse pero la pobre vieja no lo logró. La señora sentada en frente que asumí que era la hija se levantó y la ayudó a limpiarse. La vieja retomó el trabajo de reducir a la nada la porción poniendo pausa solamente para tratar de tomar un sorbo de café con leche que terminó volcándose, las gotas cayendo entre el pulover beige, el pantalón de jogging azul petróleo y el asiento de la silla de ruedas. La señora se levantó ya con resignación, si hubo retos no pude saberlo porque yo estaba encerrado en mi mundo musical un par de mesas al lado, aceptando que no tenía sentido hacer la pantomima de la asistencia si lo único que iba a poder hacer era entorpecer el delivery de trapos por parte de los mozos en ese espacio reducido entre mesas y columnas de concreto gris que dejan los bares modernos debajo de edificios nuevos todo blanco y luminoso como una sala de espera a ningún lado. La señora que supuse que era la hija abrió un frasquito de vidrio marrón y se sirvió globulitos en una tapita negra con los que hizo fondo blanco. Me dejé tomar de rehén por el recuerdo de esa vuelta cuando en la desesperación por ver como un cáncer se morfaba a mi viejo en cámara lenta dejándole intacta la capacidad de tratarme como el orto decidí que era perfectamente lógico y necesario consultar con un boticario para ungirlo como mi dealer de flores de Bach. Con las patas del banquito de superioridad desvencijadas y habiendo terminado mi merienda pagué la cuenta metiéndole más fichas a la tarjeta de crédito y dejé la propina apoyada en la mesa mientras el recuerdo de mi bobe Sara fue tomando forma, un prompt de una desinteligencia artificial o de una inteligencia natural que con un pulover espantoso, una cabellera magra y canosa y una discapacidad inhabilitante es capaz de traer una imagen bastante precisa de lo que tengo sepultado en el repositorio. Sara hoy es una síntesis vaguísima de los olores rancios del departamento de la calle Jonte, los restos de yogurt La Vascongada en la comisura o volcada sobre indumentaria diseñada con el pantone de la angustia; la emoción por escuchar a su nieto primogénito hablarle en inglés expresada con el mejor balbuceo que le permitían las secuelas de un derrame cerebral que primero la tuvo con una prótesis en la pierna y después en silla de ruedas y sobre el final postrada. Sara exprimió hasta el último joule de energía de mi zeide Israel y nunca voy a poder saber si eso era amor a través de la entrega sacrificada en el cuidado a otro o simplemente una manipulación extendida en el tiempo dentro de una mamushka familiar de psicopateadas. “Tu papá es malo” es la última frase que le recuerdo, horizontal, en un camisón rosado inesperadamente nuevo y limpio. Podría haber sido una maldición gitana si Sara no hubiese sido una simple heredera sin patrimonio de una dinastía ashkenazí a la que le perdí el rastro en Bahía Blanca.
Por suerte los recuerdos de mi infancia tienen como protagonista a mi otra bobe, la babi Eva. Cuando le tiro instrucciones a la máquina orgánica que opera adentro de mi cráneo para poder reconstruirla me trae a una señora sencilla pero con carácter, coqueta a su manera aunque la menos diva de cuatro hermanas chacabuquenses, una bomba de joven según las fotos sospecho que consecuencia inevitable de haber sido deportista con logros como haber sido campeona de natación varias veces en esos torneos nacionales juveniles que armaba el peronismo. Eva es más difícil de componer, su imagen es más densa, se puede hacer zoom sobre demasiados detalles y por eso el archivo es más pesado. Cuando murió, lejos, en Israel, un año después que mi zeide Aarón, compré un jabón Heno de Pravia porque así olía el baño chiquito del departamento de José Bonifacio. Eva fue la mujer más fuerte que conocí en mi vida, emprendió y le dio forma a “la fábrica”, la empresita familiar de cinturones que fundió en los 90, se bancó estoica que la llamara por teléfono para pedirle que no fuera a mi Bar Mitzvá, con mis padres al lado mío monitoreando que se reprodujera el libreto del conflicto familiar al que me arrastraron hasta que pudieron resolverlo unos cuantos años después cuando ya era tarde. Eva y Aarón hicieron aliá un par de años después que la familia de su hijo menor y en Israel volvió a emprender haciendo cocina para freezer hasta que los achaques la obligaron a bajar un cambio pero sus empanadas fueron leyenda en Rishon LeTzion. Atravesó un cáncer de mamá, covid con neumonía, caídas en la calle y no sé cuántas más. De la época del cáncer recuerdo que le había escrito un poema estéticamente flojo pero con valor afectivo que recuperé con un poco de arqueología digital.
EVA
Eva, Matriz de Matrices
No sabe pero presiente
Eva a la distancia
Tiempo y espacio
Más allá de la ausencia
Cariño por sobre todas las cosas.
Si no estamos hechos para durar,
Si somos carne con fecha de vencimiento,
¿Porqué esta tristeza, Eva,
Frente a lo inevitable?
La guadaña pasa puntual
Para todos, incluso para mí.
Eva, hoy me enteré
Lágrimas mojando un teléfono al otro lado
Y yo que paseo por la vida
Como un fantasma muerto de risa,
No puedo dejar de pensar
Y sonreir con nuestros mejores momentos.
Un token que se agrega al proceso electrónico de vibrar recordándola. Está también la foto con mi hija, su bisnieta, en el último viaje que hizo a Argentina. Y la foto que le sacó mi mamá en el último viaje que disfrutaron en Israel, la cara de felicidad desbordante sonriendo con unos ojos celestes eternos frente a una pizza pantagruélica en el patio de comidas del Kenyon.
Con mi zeide formaban una pareja de esas que no se soportan entre sí que con los años empeoran aunque cuando uno se va la vida del otro deja de tener sentido y se va apagando. A fines de 2021, en el medio de las internaciones finales, tuvimos una última video llamada donde lo único que pudo hacer fue tirar besos a la pantalla para despedirse porque Eva sabía que ya está, estuvo muy bien todo, suficiente.
Sara y Eva. Qué partidos se juegan en sus nombres, en sus vidas y en sus cronologías. Sara la primera en morir, primera matriarca del pueblo del que no pude desmarcarme ni siquiera cuando intenté negarlo pasado de progresismo, gracias a Dios.
Eva, la primera mujer, la última en morirse de mis abuelos, descansando para siempre en la tierra de Sión, de donde el eco de milenios me llega entre el Shemá y el Kadish para ensamblarse con todos los recursos que tengo a mano para elegir quién soy, para no olvidarme qué soy.
Para preguntarme todos los días qué busco y qué quiero esquivar en una mujer mientras atravieso los días que me regala la vida de la que Eva y Sara fueron grandes contribuyentes.
LA RECOMENDACION
Estoy yendo más seguido de lo normal al acuario porque tuvimos una mala racha con la expectativa de vida de los axolotes. Lo que no quita que cada vez que vamos con Nina la pasemos de 10 y sea un plan en sí. Acuario Monroe queda en Monroe 5445, en pleno Villa Urquiza, cerca de donde termina la línea B. No hay tantos acuarios en esta ciudad Capital y de los que conozco no vi ninguno con tanta variedad y además donde te traten tan bien como lo hacen Daniel y su familia desde hace más de 5 décadas. La semana pasada cuando fuimos a buscar un axolote nuevo con Nina justo había un matrimonio con su chiquita de 2 ó 3 años comprando su primera pecera y un pez betta, experiencia que me hizo acordar a cuando dimos el mismo primer paso y que recomiendo para todos los padres, aunque los bichos se terminen muriendo tarde o temprano por pifiarle a la cantidad de comida o a la frecuencia de cambio del agua o porque la vida es así (no deja de ser un ensayo de lo que de una u otra forma viene después). No se gasten en romper las pelotas con planteos de crueldad y cautiverio, si no les gusta la idea, pasan de largo y dejan disfrutar al resto de su vida sin joder al prójimo
Ahora sí. Inhalar. Exhalar. Repetir hasta morir.
Recuerden que esto no es por guita.


